El dinero importa
By Jackie Valley
Photos by Jeff Scheid
Every school is different. But some challenges and triumphs are universal. Take a peek into today's education world through the lens of Sunrise Acres Elementary School in Las Vegas.
Every school is different. But some challenges and triumphs are universal. Take a peek into today's education world through the lens of Sunrise Acres Elementary School in Las Vegas.

Esta serie fue publicada el 24 de junio de 2018, traducida al español y editada para mayor claridad a partir de una versión en inglés, misma que aparece en la página de The Nevada Independent.

Nota: Al momento de la publicación de esta serie la directora de la Escuela Primaria Sunrise Acres era Margarita Gamboa, quien ahora dirige la Escuela Primaria George E. Harris. La actual directora de Sunrise Acres es Jeanne Iverson.

Segunda parte de una serie de cinco.

Damien no puede encontrar la hoja de papel que le dijeron que no perdiera.

El niño descalzo, quien apenas podía dejar de moverse cuando un adulto le midió los pies para ver de que número calzaba, revisa la bolsa de plástico que está sujetando. Nada. Ve hacia arriba y alrededor y luego vuelve a clavar la mirada dentro de la bolsa.

Un pequeño trozo de papel es su boleto para unos zapatos nuevos. Una zapatería móvil se ha establecido afuera de la Escuela Primaria Sunrise Acres en un día caluroso de octubre, formando una fila de clientes pequeños e inquietos.

“¿Quién es (Damien)?”, grita una voluntaria entre la conmoción que la rodea: los niños tiran sus zapatos viejos y corren hacia el camión que está lleno de zapatos.

El estudiante de segundo grado, aún angustiado por el papel que no encuentra, no oye su nombre cuando lo llaman. En la bolsa solo están sus zapatos viejos y unos calcetines arrugados. La preocupación se convierte en pánico conforme Damien voltea hacia arriba, preguntándose qué puede hacer. Antes de él haga algo, los ojos de la voluntaria sorprenden al agotado chico y así ella responde su propia pregunta. La mujer le da a Damien el papel que encontró, donde está anotado su nombre y su número de calzado.

La crisis se acabó. De nuevo para Damien es un día feliz — él es uno de los más de 400 estudiantes que van a escoger zapatos nuevos, cortesía de una organización no lucrativa llamada Goodie Two Shoes Foundation, con sede en Las Vegas y que ofrece gratis zapatos deportivos a niños de bajos recursos; algunos de ellos podrían estar usando zapatos que calzaron sus hermanos mayores, con costuras desgarradas, o que están demasiado grandes.

“Damien, ten, estos son talla 4”, dice Christopher Everhart, un voluntario quien lo ayuda en la tienda improvisada. “¿Cuáles te gustan?”

Damien señala un par de tenis rojos de bota marca Nike. Se los pone, pero le quedan demasiado apretados. Esto le pasa una y otra vez, y el montón de zapatos que rechaza se hace más grande. Finalmente, en el cuarto intento, Everhart le entrega un par de tenis de bota color azul y rojo. Damien se los pone.

“Toca tu talón — uno, dos, tres”, le dice Everhart.

“Uno … dos … tres”, dice Damien, tambaleándose mientras se prueba los zapatos.

“¿Los sientes demasiado flojos?” le pregunta Everhart.

Damien niega con la cabeza. El par de zapatos es perfecto.

Se los vuelve a probar por última vez — da un gran salto —y luego se regresa a clases, con sus zapatos viejos y calcetines en una bolsa de plástico que lleva sobre su hombro.

Otro día, otra dosis de bondad comunitaria en esta escuela urbana. Es un gesto de bienvenida, ya que, en este edificio en la calle 28 Norte, las finanzas de las familias de los niños y de la escuela pesan mucho para los miembros del personal.


Todas las fotos: A un niño de segundo grado, “Damien”, le toman la medida de sus pies y se prueba zapatos nuevos hasta que encuentra el par indicado, el 6 de octubre de 2017. Recibió gratuitamente un nuevo par de zapatos deportivos cuando la Goodie Two Shoes Foundation visitó la escuela.


Economía del área

Sunrise Acres no es ajena a recibir apoyo comunitario. Cajas llenas de sudaderas con capucha y cierres con el logo de un jaguar, que es la mascota de la escuela, llegaron a finales de noviembre. Había una sudadera para cada estudiante gracias a donantes quienes han estado dando una mano amiga discretamente.

Barbara Bell y Lindsey Slanker descubrieron la escuela a través de obras de caridad hace varios años. Ambas recabaron unos $10,000 dólares el otoño pasado para poder pagar las 874 sudaderas.

Bell, quien es dueña de una compañía que diseña uniformes, notó que los pasillos de la escuela eran más bonitos que los del costoso colegio privado al que asiste su hija. Pero esa observación coincidió con esta: Hay una gran necesidad entre los estudiantes, muchos de ellos provienen de familias que viven en, o están al borde de la pobreza.

De ahí la motivación detrás del gesto de buena voluntad: “Sólo es para ayudar a los niños, de verdad”.

Foto: Unas amigas caminan en el patio de la escuela el 18 de enero de 2018.

 

Otras organizaciones de la comunidad y benefactores hacen lo mismo. La escuela recibió libros para los estudiantes, y comida para alimentarlos durante las vacaciones de invierno, una temida época para algunos niños, cuyas comidas regulares provienen del desayuno y el almuerzo gratuitos en la escuela.

Las necesidades de la escuela no son únicas en el sur de Nevada. Sunrise Acres es una de las 272 escuelas Título I en el Distrito Escolar del Condado Clark, es decir, recibe fondos federales porque una gran parte de los estudiantes provienen de familias de bajos recursos.

En el área que rodea a Sunrise Acres, el ingreso anual promedio oscila entre $9,610 y $16,029 dólares. El ingreso familiar promedio es de $17,670 a $33,320, de acuerdo con datos del Condado Clark. El monto más alto apenas rebasa la mitad del ingreso familiar promedio del todo el condado, $59,993.

El personal sabe que cada apoyo de la comunidad es útil. Si se satisfacen las necesidades básicas de los estudiantes, ellos se concentrarán mejor en la escuela.

A pesar de que el ingreso familiar no es el único indicador del éxito académico de un niño, puede ser una barrera. La pobreza a menudo genera inestabilidad en el hogar y la alimentación, lo que altera el aprendizaje si los niños se cambian de casa constantemente o llegan a la escuela con hambre. Estudiantes procedentes de entornos socioeconómicos más bajos también tienden a empezar la escuela menos preparados que quienes provienen de hogares más solventes.

Foto: Familiares ven jugar a sus niños el 21 de febrero de 2018.

 

Efecto dominó en las finanzas

Los educadores de Sunrise Acres no han perdido la batalla. Las inscripciones suben y bajan durante el año conforme estudiantes llegan y se van, generando una tasa de 45 por ciento de transitoriedad. En otras palabras, para final de año casi la mitad de los estudiantes no son los mismos que empezaron originalmente.

La alta rotación de alumnos refleja la realidad financiera de sus familias. Algunos viven en casas rentadas por semana o por mes; otros duermen en el sofá con amigos y familiares sin un domicilio permanente. Cuando suben los precios de las rentas o se acaba la invitación a quedarse en una casa, pasan a la siguiente opción más barata, que, para muchos niños, significa una nueva escuela.

Uno de esos estudiantes con una permanencia corta en Sunrise Acres es Martin. El alumno de cuarto grado con pelo negro, largo y lentes de armazón azul se sienta en un pupitre dentro de un salón. Parece tranquilo y habla con otros estudiantes mientras abre un programa de matemáticas en una computadora portátil Chromebook.

“Cambio mucho de escuela”, dice con indiferencia. “Este es mi tercer día aquí”.

El problema de matemáticas que aparece en la pantalla consiste en encontrar los factores de multiplicación para el número “30”. Martin se inquieta mientras ve la pantalla. Cruza los brazos. Junta las manos.

Rato después, reconoce que está atorado ante el problema.

“Está difícil”, dice.

Martin ha asistido a seis escuelas primarias desde el jardín de niños, y su permanencia en Sunrise Acres no durará más tiempo. Se irá dentro de un mes.

Los alumnos transitorios como Martin plantean un desafío para los profesores encargados de ponerlos al corriente. El programa de materias no es igual en todas las escuelas, por lo que estudiantes que se cambian con frecuencia terminan con vacíos en el contenido académico. Eso puede tener el efecto de una bola de nieve: Los niños nunca dominan los principios fundamentales de las materias básicas, complicando cada inicio en conceptos avanzados.

La escuela ha tomado medidas para frenar esa tendencia.

La directora Margarita Gamboa dice a los padres que a menudo cambian de escuela que hay estudios que muestran un mayor riesgo de no graduarse. Luego les ofrece un mapa que muestra la zona de asistencia de la escuela; un pequeño empujón para que busquen nueva vivienda dentro de la misma zona, si se presenta la oportunidad.

No todos ven eso con buenos ojos. Los padres reaccionan mal, al parecer se ofenden por la sugerencia. Pero otros han acudido a la oficina de la entrada para confirmar que tienen la posibilidad de alquilar un lugar dentro de los límites de Sunrise Acres.

Sin embargo, las circunstancias familiares obligan a muchos niños a cambiarse de casa a mitad de año. Ese es el caso de Derek, quien tiene 10 años y asiste a una comida gratuita de Acción de Gracias en la escuela una semana antes de dicha festividad. Su madre, Rhonda, se enteró de la cena por un folleto que enviaron a su casa.

No tienen planes para las vacaciones. Rhonda, de 37 años, dice que está recibiendo ingresos por incapacidad, y no podría pagar una comida propia de la festividad.

“Esta es en realidad nuestra cena de Acción de Gracias”, dice, mientras Derek raspa del plato hasta los últimos bocados de puré de papa y relleno. “Fue muy bonito de su parte que hayan hecho esto”.

Es el primer año que Derek pasa en la escuela. El estudiante de quinto grado, quien carga un morral negro y lleva una sudadera atada a la cintura, habla acerca de cómo mejoró sus calificaciones en su anterior escuela, la Myrtle Tate Elementary School, ubicada en la zona noroeste.

Foto: Una madre y su hijo, “Derek”, disfrutan una comida gratis de Acción de Gracias en la escuela el 15 de noviembre de 2017.

“Cuando me fui, era parte del cuadro de honor”, dice con orgullo.

Derek llegó a Sunrise Acres después de que él y su madre se fueron a vivir a unas Siegel Suites que están cerca, dice Rhonda. Pero luego se cambiaron a otros departamentos por Boulder Highway y Tropicana, que están fuera de la zona de Sunrise Acres.

Al igual que Martin, Derek no termina el año en Sunrise Acres. Se muda antes de que concluyan las vacaciones, irá a otra escuela, con un plan de estudios diferente.

Por cada estudiante que se va, por lo general hay otro niño que toma su lugar. Nuevos estudiantes se inscriben cada semana en la escuela. De hecho, una niña intentó inscribirse ella misma.

En marzo, la pequeña de 6 años llegó sola a Sunrise Acres y le dijo al personal de ventanilla que estaba lista para empezar la escuela. No pudo decir a qué escuela había asistido previamente, y sus padres todavía no la habían registrado ahí. Minutos después fueron a recogerla sus hermanos mayores, incluyendo a un niño de 8 años quien no tenía zapatos.

La niña se había salido de su casa sin permiso, estaba demasiado ansiosa por asistir a su nueva escuela.

Un problema para atraer la participación de los padres

A principios de noviembre Gamboa y la trabajadora social de la escuela, Kira Ward, se sientan en una pequeña sala de conferencias, con papeles esparcidos sobre la mesa. Están intercambiando ideas para ver cómo resolver un problema.

Días antes, todos los directores del Condado Clark recibieron una carta del departamento de recursos humanos del distrito avisándoles de una nueva política: Todos los voluntarios regulares de la escuela — que son los que ayudan cuatro veces o más al mes — deben someterse a una verificación de antecedentes y correr por su cuenta con los gastos por toma de huellas dactilares. El costo: $60 dólares.

El cambio en la política es resultado de una medida bipartidista aprobada durante la sesión legislativa de 2017 pensada para la seguridad de los estudiantes. Pero al igual que otras leyes bien intencionadas que fueron diseñadas en Carson City, la medida acarrea consecuencias no deseadas.

“Los necesito aquí.
Los quiero aquí.”

Foto: Padres se registran para asistir a un programa de participación de servicios comunitarios y familiares (FACES, por sus siglas en inglés) en la cafetería el 9 de noviembre de 2017.

“Estamos tratando de aumentar la participación de los padres”, dice Ward. “Es un gran reto, una gran barrera”.

En este humilde vecindario, donde muchos padres no tienen tarjetas de crédito ni una cuenta bancaria, $60 dólares podrían significar que los desalojen de su vivienda o que la familia de quede un día sin comida. Pero el costo es sólo una preocupación.

La otra inquietud consiste en el profundo temor que comparten padres indocumentados con hijos en Sunrise Acres. Gamboa y Ward calculan que cerca de una cuarta parte de esos padres entran en esa categoría. Algunos padres sienten que el riesgo de deportación es muy alto, a pesar de las garantías de funcionarios del distrito quienes dicen que la verificación de antecedentes no se comparte con nadie.

“Esto es un impedimento para los padres”, dice Gamboa, la frustración se nota en su voz. “Los necesito aquí. Los quiero aquí”.

La política afecta más que a los padres que aprovechan cualquier oportunidad para ser voluntarios. También podría ser difícil para los padres inscritos en el Programa de Aprendizaje Familiar, en el que involucra a los padres con la escuela y, para los que enfrentan la barrera del idioma, se les enseña inglés. Asisten a Sunrise Acres por lo menos una vez a la semana.

Las coordinadoras acuerdan decirle a los padres que no participen como voluntarios más de dos veces al mes. Es una estrategia que debería prescindir, en la mayoría de los casos, o en todos, del requisito de que los padres tengan que pasar por una costosa verificación de seguridad. Ward revisa mensualmente una carpeta de voluntarios para asegurarse que nadie esté en riesgo de asistir con demasiada frecuencia y, por lo tanto, no se cumpla con la nueva política.

No pasan ni 10 minutos después de salir de la junta, cuando Gamboa se encuentra en el patio a una madre preocupada. La mujer, de 24 años y de nombre Marianna, se le acerca tímidamente; deja de pintar unas líneas nuevas para caminar en el pavimento. Está inscrita en el programa de educación familiar, pero recientemente fue detenida por una violación de inmigración.

Ahora, se preocupa porque su “nuevo comienzo” se podría ver obstaculizado por la política que ha oído que otros padres comentan.

“No quiero que esas huellas pongan en peligro mi posibilidad de venir aquí”, le dice Marianna a Gamboa.

La joven, madre de cuatro hijos, recita una lista de razones por las que le gusta participar en el programa y trabajar como voluntaria en la escuela: la clase para padres la ayuda a entender mejor a sus hijos. Las actividades mantienen su mente ocupada y productiva. Y espera que los agentes de Inmigración y Aduanas sean más comprensivos cuando vean que está contribuyendo a la comunidad.

Gamboa escucha y asiente con la cabeza. Está al tanto de que otros padres de familia tienen preocupaciones similares.

Luego, Gamboa le ofrece a Marianna la poca tranquilidad que puede: “La voy a apoyar en todo lo que podamos”.

Ese apoyo comenzará con la carpeta roja, registrando las actividades de los padres en la escuela.


Foto: Izq: Los estudiantes interactúan con un profesor durante el desayuno en la cafetería el 16 de abril de 2018. Al centro: Estudiantes de Sunrise Acres forman una fila después de desayunar en la cafetería el 27 de abril de 2018. Der: Tino Mora, (izq.) un maestro de tercer grado, platica con estudiantes durante una clase el 15 de noviembre de 2017.


Una política que sanciona

Para enero, más dolores de cabeza financieros golpean a la comunidad de Sunrise Acres. La diferencia es que esta vez, la escuela misma enfrenta problemas de dinero.

Tres meses después de que Sunrise Acres celebrara el crecimiento académico que llevó a que obtuviera su estatus de cuatro estrellas bajo el actual Marco de Aprovechamiento Escolar de Nevada, que es un sistema de rendición de cuentas, una mala noticia llega en el próximo presupuesto para la escuela.

El presupuesto para el año académico 2018-2019 es $882,322 dólares menos que el del año en curso. La proyección para inscripciones también es inferior por 75 estudiantes.

Gamboa le manda un correo electrónico a su supervisor con la pregunta inevitable: ¿Por qué?

La respuesta que recibe es la que ha alterado los ánimos en todo el distrito.

“Es posible que haya perdido personal desde que alcanzaron el estatus de cuatro estrellas”, escribió Celese Rayford, asistente de superintendente de la escuela. “La proporción maestro-alumno aumenta”.

Veintidós escuelas primarias del Condado Clark obtuvieron más estrellas cuando el Departamento de Educación de Nevada dio a conocer los resultados del marco de rendimiento en el otoño. Sin embargo, el desarrollo no incluyó sus finanzas. De esas escuelas, 18 vieron cómo sus presupuestos se redujeron para el próximo año académico.

La disminución del presupuesto de Sunrise Acres era la mayor, al ser del 20 por ciento, lo que equivale a cerca de 11 puestos de trabajo de tiempo completo. Los líderes escolares consideran que es un golpe bajo.

Y esta es la razón: El distrito escolar recibe una parte del dinero del estado para reducir el tamaño de los grupos. El programa, creado en 1989, se apega a la teoría — con base en algunos estudios — de que grupos más pequeños benefician a los estudiantes, especialmente a los que cursan grados más bajos. Por ley estatal, el objetivo es tener grupos con 16 estudiantes en el jardín de niños, primer y segundo grados, y 18 estudiantes en tercer grado. Pero la proporción en los fondos cambia cada bienio, lo que a menudo hace que el equilibrio estudiante-maestro sea imposible. Actualmente el financiamiento es para grupos de 17 estudiantes en primer y segundo grado, y 20 estudiantes por grupo en tercer grado. El jardín de niños no está incluido.

Con todo y eso, funcionarios de educación del Condado Clark dicen que los fondos para reducir el número de alumnos por clase no es suficiente para garantizar esas proporciones en cada escuela, así que ese dinero primero se canaliza a escuelas que enfrentan dificultades.

Así es como Sunrise Acres terminó con un presupuesto más reducido y, por lo tanto, con menos maestros asignados para el próximo año. El nuevo presupuesto tiene dinero para un maestro menos en jardín de niños, tres menos en primer grado, uno menos en segundo grado y dos menos en tercer grado. Con base en proyecciones de inscripción, el tamaño de los grupos en esos grados sería de 21 estudiantes en jardín de niños, 20 en primero y segundo grado, y 23 para tercer grado.

Gamboa no escatima palabras cuando explica la situación, tanto en inglés como en español, al equipo de organización escolar (SOT) — un grupo asesor formado por padres de familia y miembros del personal que ayudan a moldear el presupuesto y el plan académico — a finales de enero. Están sentados en la cafetería al término de la escuela, revisando los números del presupuesto.

“Me sentí muy frustrada”, dice Gamboa. “De alguna manera todavía tenemos que mantenernos”.

Mantenerse es la palabra clave. Altibajos en la financiación no garantizan altibajos académicos. La escuela debe al menos mantener su crecimiento académico, si no es que superarlo en busca de la codiciada calificación de cinco estrellas.

“Wow”, exclama una madre de familia cuando ve las proyecciones.

El grupo analiza sus opciones: La escuela puede renunciar a tener grupos más pequeños — y perder esos profesores — o aprovechar otras fuentes de financiamiento para cubrir los gastos del personal que el distrito no proporcionará.

En ese sentido, Sunrise Acres tiene suerte. La escuela recibe $323,387 dólares en fondos federales del Título I, así como $942,753 fondos estatales por su designación como una Escuela Victory. Al último flujo de ingresos se le conoce como fondos categóricos, concepto iniciado por el Gobernador Brian Sandoval, y que va dirigido a poblaciones específicas de estudiantes. Las Escuelas Victory tienen un gran número de estudiantes de bajos ingresos, por lo que se supone que el dinero adicional del estado debe dar recursos adicionales a esos campus para apoyar las necesidades de los niños.

Los fondos del Título I y Victory son un extra al dinero que el distrito reparte a través de presupuestos estratégicos, pero en escuelas urbanas con mayor proporción de estudiantes de bajos recursos, están destinados a crear un balance.

Sin esas fuentes adicionales de recursos, Sunrise Acres habría perdido posiciones y hubiera enfrentado decisiones difíciles: ¿La escuela debería eliminar posiciones de maestros, o de quienes brindan apoyo conductual a los estudiantes, como consejeros o trabajadores sociales?

Foto: La consejera escolar Megan Gutiérrez enseña una clase acerca de liderazgo. Miércoles 21 de febrero de 2018.

En lugar de eso, el SOT vota de manera unánime para destinar una gran parte de los recursos Victory y del Título I hacia el personal en lugar de recursos relacionados con el plan de estudios, como programas especializados de lectura, herramientas educativas en línea y materiales para los estudiantes.

La medida les permite conservar nueve puestos de trabajo, incluyendo maestros de jardín de niños, primero, segundo y tercer grado, para ayudar a mantener grupos pequeños. Sunrise Acres no sustituirá a dos maestros que voluntariamente se irán a ocupar puestos de trabajo en escuelas chárter.

Pero la solución momentánea deja importantes preguntas en el aire. Por ejemplo, ¿qué pasará si la Legislatura no renueva el financiamiento Victory en la próxima sesión?

La pérdida de fondos ha provocado molestia entre el personal y los administradores de otras escuelas que este año también aumentaron sus grados de estrellas. Felicia Ortiz, miembro de la Junta de Educación del Estado, dice que se reunió con el director de la Galloway Elementary School, que podría perder cinco posiciones después de convertirse en un edificio de tres estrellas. Ortiz dice que una profesora entró a esa junta y expresó contundente:

“Dijo: ‘Ni siquiera sé por qué me tomo la molestia de tratar de ayudar a estos niños si al final me van a castigar cuando tengan buen desempeño”.

Gamboa entiende cómo se siente. En abril, mandó correos al departamento de recursos humanos del distrito con la siguiente lista de preocupaciones:

“1. Es frustrante sentir como si nos estuvieran castigando por demostrar una mejora”.

“2. El aumento en el tamaño de los grupos, no sería realista a la hora de satisfacer las necesidades de nuestros estudiantes. Es un reto trabajar en una escuela en situación de riesgo”.

“3. Los maestros sienten que no los apoyan cuando (ustedes) están aumentando el tamaño de los grupos”.

“4. [La Escuela Primaria] Sunrise Acres tendría un excedente de 11 maestros. (Hemos utilizado la mayoría de nuestros fondos Título I y Victory para reducir el tamaño de los grupos). Pero entonces ¿qué pasará el año que viene???”

“5. ¡La sostenibilidad es la meta, pero sería muy difícil alcanzarla! Sostenibilidad: la capacidad de mantenerse a una cierta velocidad o nivel; evitar el agotamiento de los recursos naturales para poder mantenerse”.

Mike Barton, director académico del distrito, reconoce la aparente injusticia de la situación. Pero dice que el distrito está obligado a garantizar que habrá grupos más pequeños en escuelas que enfrentan dificultades y tienen una y dos estrellas.

El pasado otoño, el estado dio a conocer las calificaciones con estrellas por primera vez en tres años y, bajo esos criterios más estrictos, más escuelas del Condado Clark recibieron dos estrellas. Barton dice que es un problema de recursos — no hay suficiente dinero para mantener pequeños a todos los grupos — y lamenta el golpe por el que están pasando las escuelas que mejoraron como resultado de todo esto.

“Francamente no debemos hacerle eso a una escuela”, dice.

El Superintendente Steve Canavero indica que este bienio se han invertido $301 millones de dólares en el programa de reducción de tamaño de grupos. Dice que los distritos escolares determinan cómo repartir ese dinero, añadiendo que es muy poco realista alcanzar el promedio deseado de alumnos en cada aula. La escasez de maestros es un problema, al igual que la propia arquitectura de algunas escuelas; simplemente no tienen espacio para abrir más grupos.

Funcionarios del Condado Clark dijeron que este año el distrito recibió $112 millones para el programa de reducción de grupos.

Los distritos escolares solicitan variaciones, la mayoría de las cuales se conceden, para grupos que no están alcanzando los rangos prescritos, dice Canavero. En los dos primeros trimestres de este año fiscal, el estado aprobó solicitudes de variación para 983 grupos. El estado controla el cumplimiento examinando el rango de todo el distrito.

Canavero explica que la situación exige una conversación a nivel estatal para que escuelas como Sunrise Acres no se sientan penalizadas por tener un buen desempeño, o lo que es más importante aún, que retrocedan debido a una reducción del financiamiento. Una posible respuesta: un sistema de soporte financiero que disminuya gradualmente los ingresos adicionales de la escuela después de que muestre una mejora.

“Conforme una escuela cumple, ¿cómo se eliminan de forma responsable aquellas inversiones que dejan atrás la capacidad de hacer el trabajo?” cuestiona Canavero, resumiendo el meollo del asunto.

El tema ha surgido en varias reuniones gubernamentales durante esta primavera conforme se intensifica el llamado para tener más recursos estatales para los niveles K-12. En el caso de las escuelas que han aumentado sus estrellas, no es que alguien realmente quiera quitarles financiación. El problema, por supuesto, se reduce a dólares y centavos.

El Senador Estatal Mo Denis, quien preside el comité legislativo provisional de educación, no negó la necesidad de cambios, como en el tema del soporte financiero. Pero se refirió así a esa barrera cuando asistió a una junta de consulta presupuestal organizada por el distrito escolar: “Si tuviéramos un árbol mágico que diera dinero, sería muy fácil hacer esto”.

Ortiz dice que se solidariza con las escuelas que se encuentran en esta posición.

“Me quita el sueño porque si me pongo en los zapatos de los profesores ¿Cómo pueden confiar en que los vamos a respaldar?” dice. “No me gustaría trabajar en esas circunstancias ¿Entonces por qué a ellos sí?”

Pero el recorte de fondos ligado a la clasificación de estrellas de Sunrise Acres no es el único golpe financiero que recibe la escuela. A principios de mayo, los directores de todo el condado recibieron un correo electrónico de los líderes del distrito en el que se anunciaba un déficit de $68 millones de dólares, que atribuyen a un premio de arbitraje que aumentaría el sueldo de los maestros y las contribuciones a la atención médica.

El resultado: Cada escuela debe hacer más recortes en su presupuesto estratégico para el año académico 2018-2019. Para Sunrise Acres, el recorte relacionado con las inscripciones asciende a $93,876.

La escuela eliminará un puesto de profesor de tercer grado y una posición de personal de apoyo. Para Gamboa, parece ser otra pérdida innecesaria en un campo de batalla donde las probabilidades de victoria de por sí ya son inciertas.

“Estamos batallando en el área de los maestros. Estamos batallando en el área del presupuesto”, dice Gamboa desde su oficina, un lugar tranquilo donde se concentra en los datos del rendimiento estudiantil y el presupuesto escolar. “No se está hablando de eso, por lo tanto nuestro sistema educativo es un asco”.