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Caballos en el Centro Penitenciario del Norte de Nevada son entrenados por internos antes de ser puestos a subasta pública en las instalaciones de Carson City. Viernes 23 de febrero de 2018. (Foto: David Calvert /The Nevada Independent).

Esta nota fue traducida al español y editada para mayor claridad a partir de una versión en inglés que aparece en de The Nevada Independent.

Decenas de miles de caballos silvestres pasean por el campo en Nevada, sin tener contacto humano, por lo que se requiere un poco de valor — y mucha paciencia — para ensillar a uno de ellos y poder montarlo.

“No hay nada más tenso que poner la pierna sobre la silla de montar por primera vez”, dijo Michael Gotschall. “Por lo general, ellos confían en ti, pero en realidad no sabes qué van a hacer”.  

Gotschall, de 45 años, es un interno de mínima seguridad que cumple condena en un penal del Campo de Conservación Stewart en Carson City; pero también entrena caballos durante ocho horas al día en un rancho completamente funcional dentro de la cárcel, tratando de domesticar animales que la Oficina de Administración de Tierras (BLM) captura de su entorno silvestre.

Su trabajo con un caballo de 5 años, castrado y color café espresso llamado Bocephus, se puso a prueba a mediados de octubre, durante una subasta pública de 15 caballos diferentes y un burro de nombre Crystal.

Los caballos, ya con su silla de montar y entrenados en la prisión, pueden costar cientos de dólares, pero algunos se han vendido hasta en $15,000.

Los entrenadores que están presos dicen sentirse un poco nerviosos al ver cómo los caballos demostrarán sus habilidades y cómo se comportarán ante el público. 

Inmate talking with cowboy
Internos en el Centro Penitenciario del Norte de Nevada trabajan con el vaquero Hank Curry en las instalaciones de Carson City. Viernes 23 de febrero de 2018. (Foto: David Calvert/ The Nevada Independent).

Hank Curry, el ranchero con sombrero vaquero que enseña a los internos a entrenar a los caballos, dijo que la experiencia es una lección para los reos, ya que algunos de ellos nunca han tenido un empleo estable; aunque están aprendiendo todos los días a establecer metas y a sentirse orgullosos del fruto de su trabajo.

En un esfuerzo por regular la población de caballos silvestres, el BLM lleva a cabo redadas periódicas de estos animales. Cientos de los cuales terminan en el rancho de la prisión, donde la mayoría se mantienen en corrales, se les dan los cuidados necesarios y son adoptados, pero no entrenados.

“Fue un proceso seguro”, dijo Juan Sánchez, de 28 años, en referencia a su caballo Gator. “Estaba asustado con la silla. Todo es nuevo para ellos, después de todo son silvestres“.

Austin Miller, de 24 años, dijo que ya conoce el comportamiento de su caballo gris llamado Gandolf, especialmente a raíz del trauma que experimentan al ser atrapados. La controversial práctica puede implicar helicópteros que sobrevuelan a poca altura para arrear a los caballos.

Inmates with horses
Los internos y entrenadores de caballos, Michael Gotschall (a la izq.), y Austin Miller, posan con sus caballos, Bocephus y Gandolf, en el Campo de Conservación Stewart en Carson City el 15 de octubre de 2019. (Foto: Michelle Rindels).

Antes de la subasta, los presos mostraron a invitados y reporteros las coreografías y habilidades que aprendieron los caballos durante las cientos de horas de trabajo.

Algunos de los caballos entrenados a través del programa se han convertido en guardias de honor militar para la policía o en el campo de entrenamiento de clima frío del Cuerpo de Marines en la Sierra Nevada.

Sánchez dijo que sabe que Gator irá a un buen hogar, pero la idea de la subasta lo puso sentimental, pues forjó un vínculo con un caballo que al principio fue tímido y rebelde. 

Ambos han probado la libertad dentro de los límites del campo de la prisión dando paseos por un estrecho sendero y persiguiendo coyotes en los pastizales.

“En mi caso, siento que él me ha enseñado mucho a tener paciencia porque no saben qué queremos de ellos. Realmente no podemos comunicarnos más que con lenguaje corporal”, dijo Sánchez. “Así que me ha enseñado mucho acerca de la paciencia, la forma de ver las cosas desde diferentes perspectivas y a ver la vida de otra manera”.

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