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Veteranos deportados abogan para traer a “sus hermanos” de regreso a casa 

El veterano César López habla con la candidata presidencial, la Senadora Kamala Harris, durante un acto de campaña en el Centro Comunitario Doolittle en Las Vegas el sábado, 15 de junio de 2019. (Foto: Daniel Clark/The Nevada Independent).

Esta nota fue traducida al español y editada para mayor claridad a partir de una versión en inglés que aparece en la página de The Nevada Independent.

La candidata presidencial Kamala Harris habla ante votantes potenciales durante un acto de campaña en junio en el Centro Comunitario Doolittle. Pero su discurso es interrumpido por el residente de Las Vegas César López, quien durante un tiempo vivió en California, el estado natal de Harris. 

La voz de López suena más fuerte entre los asistentes al evento.

“Necesitamos a alguien que traiga a nuestros veteranos de regreso”, dice en voz alta, antes de explicar que varios cientos de veteranos deportados no pueden ingresar al país que han defendido arriesgando su vida. “¿Usted los va a traer de regreso?”, vuelve a cuestionar López.

El veterano César López habla con un periodista durante un acto de campaña de la candidata presidencial, la Senadora Kamala Harris, en el Centro Comunitario Doolittle en Las Vegas el sábado, 15 de junio de 2019. (Foto: Daniel Clark/The Nevada Independent).

No es su primera vez en una campaña electoral. Tan sólo este año, López, de 45 años, ha abordado al Senador Bernie Sanders, el ex Vicepresidente Joe Biden, la Senadora Elizabeth Warren, los Congresistas Seth Moulton y Tulsi Gabbard, el ex Secretario del Departamento de Vivienda (HUD) Julián Castro, y el empresario Andrew Yang. 

Por lo general se dirige a ellos desde el público y luego busca conversar en persona después del evento. Su meta es hacerlos responsables de una promesa: traer a sus hermanos veteranos de regreso a casa.

En la página de Facebook de la comunidad de Veteranos Deportados que ayuda a moderar, López publicó un video de Warren durante un evento para celebrar el Cuatro de Julio.

“Feliz Cuatro de Julio, y recuerden que nunca estarán solos. Honramos a nuestros veteranos. Ustedes son una parte importante de los Estados Unidos “, dijo Warren, mostrando el pulgar hacia arriba, junto a López.

Otros candidatos han contestado casi igual. Moulton, quien también es veterano, respondió con un simple “sí” cuando López le preguntó acerca de perdonar a veteranos deportados. 

Harris, por su parte, se refirió a una expansión de las políticas con las que se protegerían los derechos de los DREAMers, sus padres, cónyuges, hermanos, y veteranos frente a una deportación.

Aunque se desconoce el número exacto, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) ha documentado casi 250 casos de veteranos deportados que viven en 34 países. 

Quienes no son ciudadanos estadounidenses pueden darse de alta en el ejército, pero deben tener una tarjeta de residente permanente, vivir en los Estados Unidos y hablar, leer y escribir inglés con fluidez.

López ha estado abogando por su causa durante siete años, tomando como base su propia experiencia como un veterano de la Marina quien fue deportado.

La familia de López llegó a California, procedente de México, cuando él tenía 3 años. A los 18, se enlistó en el Cuerpo de Infantería de Marina porque sentía que el país le había dado mucho a su familia, incluyendo a su madre, quien tenía dos trabajos y crió sola a sus cuatro hijos.

López rindió su servicio en la Marina durante dos años y fue dado de baja en 1995 tras una pelea en un bar o por responderle a los líderes del pelotón.

Cinco años después de su baja, fue declarado culpable de un delito grave relacionado con la marihuana y condenado a 18 meses de libertad condicional. Tras cumplir su sentencia, empezó a trabajar como electricista y técnico de aires acondicionados en el Sur de Nevada.

Quienes no son ciudadanos estadounidenses se pueden enlistar en el ejército, siempre y cuando tengan estatus legal en los Estados Unidos, mediante una visa temporal o de residente. 

Para naturalizarse, deben hacer una solicitud a través del Departamento de Seguridad Nacional. Los veteranos deportados a quienes se entrevistó, dijeron que comenzaron pero no completaron el proceso, o desde el principio no recibieron información correcta del proceso que aplicaba para atender su caso.

Doce años después de su condena, al regresar de unas vacaciones en Costa Rica en 2012, López fue detenido en un aeropuerto de Houston, donde se suponía que debía tomar un vuelo de conexión a Las Vegas. 

Cuando cruzó la línea de inmigración, se le preguntó si había cometido un delito en 2000. Cuando dijo que sí, se le informó que sería deportado. Llamó a su esposa y le dijo que buscara un abogado. López fue detenido casi cuatro meses en Houston, Texas, y luego enviado a México.

Sin familiares en ese país y con dos hijas en casa, López no sabía a quién recurrir. Después de tres semanas, decidió reingresar ilegalmente al país; caminando cinco días y cuatro noches.

“Los niños son los que más sufren”, dijo López. Él conoce a otros veteranos deportados con niños que padecieron lo mismo.

El veterano César López graba un video durante un acto de campaña de la candidata presidencial, la Senadora Kamala Harris, en el Centro Comunitario Doolittle en Las Vegas el sábado, 15 de junio de 2019. (Foto: Daniel Clark/The Nevada Independent).

Alex Murillo, de 40 años, es uno de esos papás. Su familia se trasladó a Phoenix, Arizona, desde México, cuando era un bebé. Al igual que López, rindió sus servicios en el ejército. Fue dado de alta honorablemente en la Armada después de servir cuatro años en la operación Escudo del Desierto/Tormenta del Desierto.

Murillo fue condenado por posesión de marihuana en 2009, por lo que pasó 37 meses en la cárcel, y después fue expulsado de forma inmediata a un país que no conocía.

Nunca imaginó lo que le esperaba luego de una llamada telefónica con su padre cuando estaba en el extranjero, le contó que su jefe de escuadrón se encargaría de su próxima entrevista para obtener la ciudadanía estadounidense, y que no podía regresar a casa porque estaba prestando sus servicios en otro país. 

“¿Cómo nos metemos en problemas siendo veteranos; cumplimos nuestra sentencia, y luego nos echan?”, cuestionó Murillo. “Nos exilian de nuestro país. Ni siquiera podemos volver a casa con nuestra familia como cualquier otro veterano. Eso no está bien".

El efecto en la familia de Murillo fue severo.

"Mis hijos siempre me estaban esperando", dijo Murillo acerca de sus cuatro hijos, tres de los cuales se fueron recientemente a México para vivir con él después de luchar contra la falta de vivienda y los opioides.

Ahora Murillo trabaja en un centro de llamadas en inglés, es entrenador deportivo en una secundaria local, y describe su vida en México como una buena experiencia luego de reunirse con sus hijos.

Pero sueña con volver a Arizona. Por eso no deja de llamar a los miembros del Congreso, exponer su caso y abogar por sus compañeros veteranos deportados.

Juan Salvador Quiroz, de 41 años, está viviendo en casa de su abuela en México. Cuando tenía 5 años de edad, su madre lo llevó a San Luis, Missouri, donde pasó la mayor parte de su vida.

Quiroz se integró al ejército para recuperarse de una difícil ruptura de pareja que vivió a los 24 años. Rindió sus servicios durante dos años antes de ser dado de baja con honores. Pero le fue difícil conseguir empleo y obtener ingresos para la manutención de sus hijos.

“Básicamente, cuando iba a la escuela, empecé a vender hierba mala. Así es como terminé metiéndome en problemas y me deportaron“, dijo Quiroz, quien pasó tres años en la cárcel y fue deportado al recobrar la libertad.

Desde su expulsión, Quiroz ha vivido en México con su esposa y tres hijos, pero otro de sus hijos y el resto de su familia radican en los Estados Unidos.

A pesar de sus dificultades con el sistema de inmigración de los Estados Unidos, los veteranos dijeron que siempre estarán orgullosos del país en el que crecieron y defendieron, pero ahora están preocupados.

López señala que su familia quiere que deje el activismo porque es peligroso, no puede emplearse porque está viviendo sin una identificación aprobada, y le da temor cada vez que se sube a un auto porque puede ser detenido y luego deportado. A pesar de los retos, persiste.

“No estamos culpando a nadie de nuestros errores. Lo que estamos diciendo es que ya los enfrentamos, sufrimos las consecuencias y no merecemos ser expulsados después de eso”, dijo López. “Es mi deber como Marine no dejar nunca a un hombre en el abandono”.

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