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A un año: Trabajadores inmigrantes sobrevivientes del 1 de octubre buscan paz y éxito en solicitudes de visa

Luz Gray
Luz Gray
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Flowers lay on the ground near the Route 91 Festival grounds
Una camisa de sobreviviente del Festival Route 91 como se ve en las oficinas de Make The Road Nevada en Las Vegas el miércoles 26 de septiembre de 2018. (Foto: Daniel Clark / The Nevada Independent).

Sus playeras y chalecos de colores brillantes se mezclaron entre las luces del escenario y la música a todo volumen. Nombres y rostros de quienes a menudo pasan desapercibidos. Trabajadores inmigrantes quienes estuvieron en el Festival Route 91 Harvest vendiendo comida, limpiando los baños, recogiendo la basura.

Fue a unos días del tiroteo en el Strip y a raíz de una llamada de ayuda buscando asistencia en español para alguien que pasaba por un momento traumático, que Behavioral Bilingual Services (BBS Counseling) Legal Aid of Southern Nevada y otras organizaciones les ofrecieron asesoría para determinar si reunían los requisitos para recibir ayuda como víctimas de crimen.

Make The Road Nevada (MTRN) que también se sumó a los esfuerzos, indicó que un grupo de unos 40 trabajadores del 1 de octubre solicitaron que el Alguacil del Departamento de la Policía Metropolitana de Las Vegas Joe Lombardo firmara sus peticiones y así pudieran proceder sus casos de Visa U ante el Servicio de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos.

De acuerdo con un comunicado de MTRN, en una reunión en junio de este año con el Concejal de North Las Vegas Isaac Barrón y algunos de los trabajadores sobrevivientes, Lombardo indicó que agregaría más recursos al programa de Visas U para ayudar a disminuir la acumulación de casos atrasados.

El Servicio de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos (USCIS) establece requisitos específicos de elegibilidad para los solicitantes de una Visa U, que “está reservada para víctimas de ciertos crímenes, que han sufrido abuso físico o mental y brindan ayuda a las agencias de orden público y oficiales gubernamentales en la investigación o prosecución de actividades criminales”.

Entre recuerdos y el anhelo por obtener su Visa U, dos trabajadoras inmigrantes sobrevivientes del 1 de octubre compartieron una retrospectiva a un año del tiroteo.

La historia de Marcela

Marcela, quien trabajó en el concierto del festival Route 91 Harvest durante el tiroteo del 1 de octubre, habla con una reportera en las oficinas de Make The Road Nevada en Las Vegas el miércoles 26 de septiembre de 2018. (Foto: Daniel Clark / The Nevada Independent).

Ya un año. Noches sin dormir. Días de esfuerzo para seguir adelante y sueños por cumplir. Una fecha que cambió su vida para siempre. Así recuerda Marcela los 365 días que ya han pasado desde el tiroteo en el Festival Route 91 Harvest.

La música country que provenía del escenario acompañó la jornada de Marcela durante las tres noches que duró el festival, donde trabajó barriendo en diversas áreas del evento.

Ese 1 de octubre ya había terminado su turno, pero antes de irse a casa, decidió, junto con una de sus compañeras, comprar algo de comer y sentarse cerca del escenario para disfrutar sus alimentos. Lejos estaban de imaginar el giro que darían los acontecimientos.

Frotándose las manos y con voz baja, Marcela— quien no quiso que se publicara su apellido — dijo en entrevista que de repente se empezaron a escuchar ruidos que ella interpretó como fuegos artificiales que eran parte del espectáculo. Luego se dio cuenta que eran detonaciones. Y gritos.

“La gente decía ‘nos vamos a morir todos, son terroristas, están disparando’. Quisimos correr, pero ya venía más gente, porque estaban cerca las salidas. Entonces, al querer correr nosotros, la gente nos tiró”, dijo. “No se veía nada. Y yo buscaba a mi compañera, y ya no la miré. Le gritaba, pero no me contestaba. Yo estaba en pánico, estaba gritando”.

Marcela, madre de dos hijos, originaria de México y radicada en Las Vegas desde hace 3 años, también recordó que en cuestión de minutos ya reinaba el caos.

“Había gente que se veía tirada… con sangre. Era algo muy espantoso. Estaba muy asustada, no sabía qué hacer”, dijo. “No me podía levantar, estaba sentada porque me habían tirado en el piso, me pisaron. Estaba como paralizada”.

En lo que llegaron a su auto vieron muchas patrullas, ambulancias y personas que estaban ayudando a heridos.

Marcela recuerda muy bien que no podía manejar porque le temblaban las piernas y sentía que le faltaba la respiración.  

Al verse en peligro sacó fuerzas para llegar a su casa, donde no solo le esperaba su cama, sino, después de lo ocurrido, una vida que ahora está acompañada de noches en vela, sobresaltos cuando escucha el sonido de fuegos artificiales como los del 4 de julio, y temor de que algo malo pase cuando ve multitudes.

“Tal vez no me tocó como a otros compañeros que estuvieron más adentro, que estuvieron librando las balas”, dijo. “Pero en lo que a mí me corresponde, si fue algo muy espantoso… pensé que iban a echar unas bombas, porque se seguían oyendo balazos”.

Actualmente Marcela labora en una compañía de construcción y forma parte de un grupo de trabajadores inmigrantes del 1 de octubre quienes están en proceso de solicitar una Visa U.

Marcela comentó que no pierde la esperanza de obtener la firma de Lombardo para proceder con su trámite.

“Trabajamos ese día ahí al igual que los anteriores. No esperábamos que pasara eso”, dijo. “Quiero tener un buen trabajo para salir adelante porque a veces se pasan carencias… lo poco que uno está ganando por no tener documentos a veces no alcanza para pagar una renta y tener lo necesario.

Marcela indicó que está saliendo adelante día a día gracias a su familia, terapias en BBS y el apoyo que ha encontrado en MTRN. Tiene el sueño de iniciar su propia empresa de venta de productos de nutrición.

Al reflexionar acerca de todo lo que ha pasado desde la noche del tiroteo, resaltó que le gustaría que las autoridades incrementen la vigilancia en los eventos para mejor seguridad de asistentes y trabajadores, y ver que la comunidad trabaje en conjunto para contribuir a ese propósito.

Este 1 de octubre lo pasará al lado de sus seres queridos y miembros de MTRN para pedir por los fallecidos y por quienes perdieron a sus familiares.

“Pienso unirme a mis compañeros para apoyar a estas personas y que vean que estamos con ellos en su pérdida, en su dolor”, dijo. “Soy cristiana y voy a pedirle a Dios por todas esas personas y por todos los que pasamos esos momentos que a veces piensa uno que ya lo superó pero vienen esos momentos difíciles para cada uno de nosotros.

La historia de Marta

Marta Durán, quien trabajó en el concierto del festival Route 91 Harvest durante el tiroteo del 1 de octubre, habla con una reportera en las oficinas de Make The Road Nevada en Las Vegas el miércoles 26 de septiembre de 2018. (Foto: Daniel Clark / The Nevada Independent).

Sus tamales preferidos son los de rajas con queso. Pero más que comerlos, para Marta Durán prepararlos significa una forma de distraer su mente, una especie de terapia para superar lo que vivió la noche del 1 de octubre, cuando, mientras trabajaba limpiando baños durante el festival de música country, empezó a escuchar el ruido de las balas.

Durán es una de las sobrevivientes quien aún sigue en proceso de recuperación. No sufrió heridas físicas, pero los recuerdos de lo que vivió le siguen provocando lágrimas.

“Lo que más recuerdo son esos 10, 12 minutos — no sé cuántos fueron— de pesadilla… fueron los peores de mi vida. No tenemos una herida de una bala o algo, pero las secuelas de ese trauma ahí están”, dijo a The Nevada Independent en Español este miércoles en las oficinas de MTRN. “Quiero ser fuerte, pero por ratos me quiebro. Quizá va a pasar un año, va a pasar otro y lo vamos a recordar, pero con el trabajo siento que me distraigo”.

Originaria de El Salvador, Durán comentó que llegó a Las Vegas de manera indocumentada hace 15 años en busca de mejores oportunidades para sus tres hijos, quienes viven allá y a quienes no ha visto desde entonces.

Ellos fueron quienes ocuparon sus pensamientos mientras, junto con otras personas, se resguardaba de la lluvia de balas la noche del 1 de octubre.

“Todo era felicidad. Nosotros trabajando, y los que llegaron a divertirse”, dijo Durán en previa entrevista. “Entonces comenzó ‘prrrrrrrr’ [imita sonido de metralleta] ¡Son disparos! Y nos tiramos al piso, y nos fuimos de rodillas hasta llegar a un storage donde guardábamos las cosas. Nos hicimos muchos, muchos apiñados ahí, nomás clamando a Dios”.

Durán comentó que después de la tragedia su vida ya no es la misma. Ahora empieza a voltear alrededor para localizar las salidas cuando llega a trabajar a lugares concurridos, no ha vuelto a asistir a una fiesta, o se sienta en las orillas de las bancas cuando asiste a la iglesia.

Durán indicó que ha encontrado apoyo en MTRN, que sigue tomando terapias, y espera que las autoridades encargadas de revisar las peticiones para la Visa U por parte del grupo de trabajadores inmigrantes del 1 de octubre tomen en cuenta sus aportaciones a los Estados Unidos y que son el sustento para sus familias.

Todavía no tiene un trabajo estable y se mantiene haciendo labores eventuales de limpieza en algunas convenciones. A un año de lo que vivió el 1 de octubre, abraza el sueño de tener una nueva vida.

“El proceso ahí va. Gracias a Dios mi carta fue firmada por el Sheriff”, dijo. “Ya se fue mi paquete a inmigración”.

Pero ese no es el único sueño de Durán, pues agregó que después de la tragedia le gustaría que autoridades y políticos tengan un mejor control en los eventos masivos, no solo en Nevada, sino a nivel nacional.

“Nuestra vida cambió este año”, dijo. “Espero en Dios volver a tener paz, y que todos la tengamos, porque todos los que pasamos esa tragedia, sé que tienen en su corazón ese mal recuerdo que ya no quisiéramos tener”.

El Alguacil Joe Lombardo ha donado a The Nevada Independent. Vea aquí la lista completa de donadores:

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