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Miembros de iglesias locales oran durante un foro de inmigración organizado por Nevadenses por el Bien Común en la Iglesia Episcopal Todos los Santos. Lunes 17 de abril del 2017. (Foto: Jeff Scheid /The Nevada Independent).

Esta nota fue traducida al español y editada para mayor claridad a partir de una versión en inglés que aparece en The Nevada Independent.

Iglesias que han pasado los recientes seis meses reuniéndose virtualmente o en grupos con un límite de 50 personas como parte de un esfuerzo estatal para controlar el coronavirus, ya podrán tomar un respiro en sus servicios este fin de semana.

Pero la nueva directiva del Gobernador Steve Sisolak que amplía el tamaño de las reuniones permitidas ha generado reacciones encontradas.

Las iglesias que tienen capacidad para 2,500 personas o menos pueden convocar a 250, o el 50 por ciento de su capacidad, lo que sea menor; una configuración que significa que muchas iglesias todavía están muy por debajo de los niveles de asistencia que normalmente tienen.

“No nos da mucho espacio”, dijo en entrevista el Pastor Cesar Minera, del Ministerio Palabra de Vida, en Reno. "Para nosotros, significaría cerca de 75, 80 personas, así que aún estamos cortos de donde se supone que debemos estar".

El cambio se produce cuando los sentimientos de las iglesias hacia las directivas de seguridad del coronavirus han evolucionado a lo largo de los meses. El pastor Brent Brooks dijo que su congregación, Reno Christian Fellowship, fue una de las primeras en volverse virtual cuando el virus se empezó a afianzar en Nevada.

El límite de capacidad finalmente se elevó a 50, pero después la iglesia sintió que se le estaba dejando con un límite estricto de asistentes. Mientras tanto, se permitió que los casinos, parte de una industria turística que sustenta un tercio de los empleos en el estado y provee un tercio de los ingresos del fondo general estatal, reabrieran al 50 por ciento de su capacidad.

“En mi opinión, fue porque no teníamos fines de lucro”, dijo Brooks. "Como organización, no estábamos pagando impuestos ... Y parecía que estábamos siendo discriminados, porque no teníamos la influencia financiera que estaba llamando su atención".

En eso coincidió Minera, a quien se le vino a la mente esa discrepancia cuando dejó su iglesia, que está a una cuadra del casino Peppermill en Reno.

“Salí de la iglesia, digamos a las 7:30, después de nuestro servicio de las 6 p.m., con 50 personas dentro de la iglesia”, dijo. "Sin embargo, los dos estacionamientos del Peppermill ... estaban llenos a su capacidad, lo que significa miles y miles de personas".

Jason Guinasso, abogado en Reno y pastor asociado de la iglesia de Minera, llevó el asunto a las cortes a nombre de la iglesia Calvary Chapel Dayton Valley en una de al menos dos demandas en Nevada. Hasta la fecha, dijo que aún no está claro si se consultó a algún clérigo para poner en marcha las restricciones y que no está seguro de qué canales se suponía que debían usar las iglesias para comunicar sus recomendaciones al gobernador.

“Creo que el gobernador cometió su mayor error al no confiar en que nuestra gente hiciera lo correcto”, dijo Guinasso. "A pesar del hecho de que va a haber malos actores en cualquier grupo, cuando él dio mucha libertad a los casinos ... pensé que nos debería haber dado el mismo tipo de cortesía".

Sisolak respondió con frecuencia a las críticas sobre las restricciones señalando sus propias experiencias como católico devoto, señalando en varias ocasiones que, si alguien quería regresar a los servicios de la iglesia en persona, era el gobernador. También dijo que tenía que considerar la seguridad de personas como su madre de 93 años y que había pasado a ver la misa en vía Internet.

La ciencia temprana acerca del coronavirus respaldó las preocupaciones de que los servicios religiosos eran un riesgo significativo, en especial cuando los asistentes cantan; miedo que resaltó cuando la práctica de un coro de una iglesia en Washington se convirtió en uno de los primeros eventos de super propagación del virus en el país.

Aún así, los pastores dijeron que permitir reuniones más grandes es un paso en la dirección correcta. Minera dijo que las restricciones han impedido que los jóvenes socialicen con sus compañeros y las familias obtengan el apoyo que necesitan en un momento difícil.

Aunque los servicios virtuales tienen un alcance más amplio, se prestan que los participantes se distraigan y Minera cree que casi un 20 por ciento de la congregación se ha desconectado por completo de la iglesia.

Brooks dijo que está viendo una congregación con diversas opiniones acerca de las medidas de seguridad, desde personas a quienes les intimida la idea de regresar a reuniones en persona, hasta quienes se quieren reunir en persona, pero les irrita que se les exija usar cubrebocas.

La directiva más reciente, al menos, le da a la iglesia un poco más de flexibilidad.

“Estamos muy contentos de que… no nos pongan en una categoría separada donde parece que se nos considera el lugar más peligroso de Nevada”, dijo Brooks. “Este fue el cambio correcto. Fue un cambio atrasado".

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